viernes, 2 de septiembre de 2011

Mírala otra vez, Sam


Ayer a la noche, cuando llegué a casa, le escribí este mail a mi amiga María Adell a raíz de una conversación-devoción de ambas por La boda de mi mejor amiga, película que ya hemos visto dos veces:

"Pocas veces en la Nueva Comedia Americana he visto un trabajo tan atinado en torno a la madurez y, quizá sí, reconozco que el hecho de que sea desde la perspectiva femenina me ha permitido observarlo de forma más nítida. Pero pocas veces en una película de la factoría Apatow he visto momentos tan especialmente sutiles y sencillos, hermosos, sobre la madurez como cuando ella (el personaje interpretado por Kristen Wiig) le dice a su mejor amiga que se case y añade "yo estaré bien"...

Por otro lado, el segundo visionado me permitió reafirmar momentos y apreciar mejor algunas escenas que en un primer vistazo quedaron eclipsadas por el tajante y altísimamente cómico inicio. Ahora veo que si hay dos escenas que, incluso desde la puesta en escena, muestran esta concepción de lo cómico a través del gesto o lo físico, son la de ella bailando sobre la línea de la calzada para demostrar que no va borracha y la de la lucha contra todos los elementos de la fiesta prenupcial: se come la galleta, cae al suelo y termina empujando sin éxito la fuente de chocolate...
(y todo ello en plano general).

En definitiva: me reí menos, pero me pareció mejor película...."

(Los paréntesis están recién añadidos)

viernes, 26 de agosto de 2011

La montaña rusa


Con una pirueta final que no desvelaré porque sería el peor de los spoilers, Destino final 5 apela a sus predecesoras siguiendo una fórmula que se repite a cada entrega de manera inquebrantable, con una cabezonería como la que la muerte suele mostrar en la saga.

En esta ocasión, el 3D se pone al servicio de una película que trabaja el terror a través de accidentes casuales, de un miedo cotidiano, del pánico a una muerte inexorable. Quizá por eso, Destino final 3 era, hasta la fecha, el paradigma de esta idea. Si la primera arrancaba en un avión, la segunda en una autopista y la cuarta en un circuito de carreras; la tercera situaba el accidente en un parque de atracciones. Qué mejor escenario que una montaña rusa para una serie de películas que ha reposado sobre la adrenalina; qué digo, que pretende ser adrenalina en si misma.



Destino final 5 celebra esta esencia adrenalínica de la saga: las tres dimensiones nos hacen subir a una auténtica montaña rusa. Los accidentes se viven desde el interior del autobús o del avión, lejos de la sencillez que mostraba la primera entrega de la serie en una secuencia similar.

A cada paso que da la saga, el destino va quedando más definido, inquebrantable: en Destino final, el placer debe pasar por el miedo.

domingo, 10 de julio de 2011

Misery exploitation

La mayor parte de las películas que vi en la sección oficial de Karlovy Vary siguen un patrón similar: se agarran a personajes marginales y a situaciones exageradamente dramáticas, ofreciendo un exhaustivo catálogo de miserias. Por el festival ha pasado una madre de alquiler que se ve obligada a hacer cine porno para pagar el tratamiento de su hija enferma de cáncer; una chica cuya madre no le da cariño porque prefiere centrarse en la hermana deficiente; un chico con problemas para andar; una niña que debe aprender a vivir tras los abusos de su padre; un hombre que perdió a su hija; una hombre que quiere vengar a su esposa, violada por el vecino…


Parecería que basta con elegir un tema duro para hacer una película. Mi pregunta, a menudo, suele ser: ¿qué aporta el director en todo esto? Tengo la sensación de que algunos realizadores explotan a sus personajes para que estos les hagan todo el trabajo, los meten en el lodo cuando ellos permanecen en la superficie, y no dudan en meter el dedo en la llaga. Esa es su especialidad. Detrás de estos filmes no hay una idea cinematográfica; ni siquiera una exploración profunda de la miseria.

jueves, 7 de julio de 2011

Back on the road

Algunas ideas sobre Road to Nowhere, el regreso a la dirección de Monte Hellman después de veintidós años:

1. Ayer entrevisté a Monte Hellman. En un momento, pensé en Tsai Ming-liang y en los planos largos de Road to Nowhere y comencé a enumerárselos: la secuencia en el túnel, en la que la protagonista se adentra en la oscuridad; el momento en que ella se está atando lentamente los zapatos; la escena en que un trabajador de una empresa de seguros con pinta de cowboy recorre el pasillo de un hotel en un plano largo… Hellman asintió: “ese último plano está hecho pensando en Tsai Ming-liang”.

2. Tengo la sensación de estar ante una película libre, que no le teme a la complejidad (Lynch ya no está solo) y no duda en ir más allá de la manida idea de filme dentro de otro filme. Arranca de forma poética, con tempos pausados, sin diálogos; se sumerge en la comedia; vira hacia el terror; mira a los ojos de lo trágico; y en realidad todo es un filme noir.

3. (No lean esto si no la han visto, o como quieran). Hay un momento especialmente mágico en la película. Con dos cadáveres en la habitación, disparados a quemarropa, Mitchell Haven, director de una película titulada también ‘Road to Nowhere’, se levanta del suelo y agarra la cámara. Graba los cuerpos y, antes de dirigirse a la ventana para grabar a la policía, vemos el contraplano de una de las tomas, en las que se puede ver todo el equipo del filme, el equipo de el Road to Nowhere de Hellman. La película se sitúa constantemente en esa complejidad del filme dentro del filme, pero es en ese momento cuando la idea crece definitivamente. Me parece un momento equiparable al del final metafísico de El tiroteo con el rostro del protagonista descubriéndose a si mismo como el enemigo.

En la secuencia de Road to Nowhere, la policía le pide al director que baje el arma, cuando el realidad lo que sostiene es una cámara (disparar y rodar, dos conceptos unidos por una misma palabra, shoot, que es justamente la que da título a El tiroteo, The Shooting). Me gusta mucho también la textura que Hellman confiere al filme: los coches de la policía, borrosos tras el cristal; la piel sedosa de la actriz en el último plano. ¡Todo resulta tan onírico! Más propio de un trabajo en celuloide cuando el filme está hecho en digital.
4. De vueltas con Tsai, el plano final del filme, sobre la fotografía del rostro de la chica, me recuerda al plano largo de la mujer que llora en Vive l’amour. Pienso en el plano del llanto de la mujer en Vive l’amour o en el retrato de Maggie Cheung en Clean o en la misteriosa mujer morena de Mulholland Drive. Creo que en cierta manera en el filme de Hellman está la idea de crear un retrato femenino. Pienso también en Los materiales, en esa idea de hacer un filme sobre el proceso creativo.
5. La película comienza con el plano detalle de un CD, en el que está escrito, en rotulador, el título, Road to Nowhere. Pienso en este plano y luego en el del celuloide quemándose en Carretera asfaltada en dos direcciones: dos ejercicios en torno al soporte, en torno a lo material, en torno al cine en su sentido más físico.

domingo, 3 de julio de 2011

¿Quiénes son estos?: Una cosa que no me ha gustado de ‘El ala oeste’

Me parece algo absolutamente dramático que, llegados a un punto, una serie de televisión cambie de manera tan drástica que el espectador no alcance a reconocer a los personajes que lo han acompañado hasta el momento. Se supone que uno de los trucos de la serialidad es ese rollo tan manido de que los personajes son como de la familia o que cada martes (o el día que sea) se cuelan en tu casa.


Ya sé que hace tiempo que El ala oeste terminó, y supongo que en su momento los fans estarían hechos una furia y que no digo nada que no esté en los foros, pero… la serie murió con la desvinculación de Aaron Sorkin. Los personajes son de su autor y, sin Sorkin, esos señores que aparecen en mi televisor con el rostro de Josh, C.J. o del presidente Bartlet son otros. Ahora, los que entran en mi casa cada martes no son más que extraños.


Veo más de Josh Lyman en el loco del Facebook de La red social que en el tipo de los últimos capítulos de la serie. Por lo visto, los personajes han dejado de hablar rápido y de soltar réplicas brillantes en un segundo; ahora (en algún punto más allá de la cuarta temporada) lo que se estila es el monólogo. Pero, sobre todo, lo que más duele es ver como las charlas en los pasillos con la cámara siguiendo a los personajes como una culebra han dado paso a un sencillo plano contra plano.

Ah, otra cosa que en su momento sí me gustó de El ala oeste es la idea de que el presidente del gobierno sea Martin Sheen, un actor que pesa en el recuerdo sobre todo por su papel de rebelde en Malas tierras (hay un momento en la serie en que se nombre justamente el título original Badlands). En aquella película de Terrence Malick, interpretaba a un joven basurero que termina convertido a la vez en un bandido y en un mito. Al final, Malick lo muestra esposado y rodeado de policías que anhelan cualquier objeto suyo, pues lo consideran una auténtica leyenda. También me gusta que la primera dama sea Stockard Channing, la chica mala (pero buena) del instituto de Grease.